Peregrinando

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Juan Pablo II: Vuelve a la casa del Padre

Oración para implorar favores por la Intercesión de Juan Pablo II

En este esfuerzo por ejercer el "el ministerio del alivio", queremos dejarles a todos lo que visiten este sitio, la Oración oficial para la Beatificación del siervo de Dios Juan Pablo II, mediante la cual, podemos pedir "su intercesión por favores necesarios a nuestra vida". Ante todo, pidamos por "sanación interior": desprendernos de todo odio, rencor, deseo de venganza, complejos, tentaciones, infidelidades hacia Dios y los hermanos, codicia, depresión, tristeza, egoísmos…

Y pidamos "sanación física", si ésta es la voluntad de Dios para nosotros; y la capacidad de saber "aceptar toda enfermedad que venga del Señor y ofrecerla por nuestra propia santificación y la de nuestros seres queridos"…

Este servicio, permanecerá aquí, en tanto y en cuanto sepamos utilizarlo debidamente, con amor, devoción y respeto. Haremos celebrar la Santa Misa Dominical, por estas intenciones que acerquen.

ORACION

Juan Pablo II

“Oh, Trinidad Santa, te damos gracias por haber concedido
a la Iglesia al Papa Juan Pablo II
y porque en él has reflejado la ternura de tu paternidad,
la gloria de la Cruz de Cristo
y el esplendor del Espíritu de Amor.

El, confiando totalmente en tu infinita misericordia
y en la maternal intercesión de María,
nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor,
indicándonos la santidad,
alto grado de la vida ordinaria,
como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.

Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad,
el favor que imploramos…( pedirlo ),
con la esperanza de que sea pronto incluído
en el número de tus Santos.

Amén”.

Juan Pablo II

El proceso de beatificación ha comenzado oficialmente el 28 de junio de 2005, en las vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, en la Basílica de san Juan de Letrán. En la fase final se necesitará la comprobación de un milagro atribuído a la intercesión de Karol Wojtyla. El Postulador de la Causa es monseñor S. Oder, de la Diócesis de Torun (Polonia). www.vicariatusur-bis.org

BEATIFICACIÓN DEL AMADO JUAN PABLO II

APRUEBAN MILAGRO DE JUAN PABLO II.

El Vaticano anunció que la beatificación de Juan Pablo II será próximo 1 de mayo de 2011.

El actual papa Benedicto XVI dio por válido un milagro que se le adjudica a su antecesor, quien murió en 2005.

Se trata de la curación de la monja francesa Marie Simon Pierre, que padecía desde 2001 Parkinson, la misma enfermedad que tuvo Juan Pablo II. Varios meses después de la muerte del papa polaco, que falleció el 2 de abril de 2005, la monja, que rezaba continuamente al pontífice, se curó de la enfermedad. 

Aunque hay catalogados 251 supuestos milagros por intercesión de Karol Wojtyla —el nombre verdadero del Papa—, el postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, eligió la curación de la monja francesa.

La beatificación de Juan Pablo II ha llegando muy rápido en términos del Vaticano, un poco más de seis años después de su muerte.

La ceremonia probablemente atraerá a cientos de miles de fieles a la Plaza de San Pedro.

Para que el Papa se convierta en santo se requiere de un segundo milagro, de acuerdo con las reglas de la iglesia católica.

VIDEO  DE LA RELIGIOSA

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MÁS  DE 1 MILLÓN DE PEREGRINOS ASISTEN A LA BEATIFICACIÓN.

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BENEDICTO XVI, PROCLAMA “BEATO”  A  JUAN PABLO II.

Queridos hermanos y hermanas:

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.

«Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17). ¿Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en «Pedro», la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: «Dichoso, tú, Simón» y «Dichosos los que crean sin haber visto». Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo.

Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf.Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14).

También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: «Por ello os alegráis», y añade: «No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación» (1 P1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. «Es el Señor quien lo ha hecho –dice el Salmo (118, 23)– ha sido un milagro patente», patente a los ojos de la fe.

Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Todos los miembros del Pueblo de Dios –obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas– estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojtyła, primero como Obispo Auxiliar y después como Arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojtyła: una cruz de oro, una «eme» abajo, a la derecha, y el lema: «Totus tuus», que corresponde a la célebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojtyła encontró un principio fundamental para su vida: «Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón». (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).

El nuevo Beato escribió en su testamento: «Cuando, en el día 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszyński, me dijo: “La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio”». Y añadía: «Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado». ¿Y cuál es esta «causa»? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: «¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás.

Karol Wojtyła subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su «timonel», el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar «umbral de la esperanza». Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de «adviento», con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.

Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostenían mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una «roca», como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Iglesia.

¡Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Desde el Palacio nos has bendecido muchas veces en esta Plaza. Hoy te rogamos: Santo Padre: bendícenos.  Amén.

MILAGRO OBRADO POR JUAN PABLO II: SANACIÓN DE UNA MUJER DE COSTA RICA

Este video, con la participación de médicos y el testimonio de la mujer sanada milagrosamente, por Juan Pablo II.

Nuestra Fe en vivo - 2013-07-15- El Milagro de Juan Pablo II

 

CANCIÓN DE HOMENAJE A JUAN XXIII Y JUAN PABLO II

HOMILÍA DE FRANCISCO EN LA  CANONIZACIÓN DE JUAN XXIII Y JUAN PABLO II

En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado. 

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). 

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: “Sus heridas nos han curado” (1 P 2,24; cf. Is 53,5). 

San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valientes, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia. 

Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María. 

En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había “una esperanza viva”, junto a un “gozo inefable y radiante” (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie los podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno. 

Esta esperanza y esta alegría se respiraban en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad. 

Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. 

No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu. 

En este servicio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene. 

Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”.+ 

Video de la Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

PRESENTACION DE PETICIONES O AGRADECIMIENTOS…

Comentarios (1746)
  • MARIA E
    PIDO TU INRERCESIION POR NUESTRA FAMILIA, POR NUESTRAS INTENCIONES Y NECESIDADES

    AMEN
  • maria
    Amadísimo Juan Pablo II: Te pido intercedas ante Jesús para que se puedan hacer y aprobar los planos de esta casa para que todo quede legalmente bien. Adem'as te pido intercedas ante Jesus para que me ayude en este trabajo nuevo. Tu sabes que hay veces que no se como manejarme, que decir o hacer. Pídele a Jesús me envíe el Espíritu Santo para que me guíe en mis decisiones y palabras y tambien pídele que influya en el corazón de las personas involucradas. Dile a Jesús que necesito este trabajo, pídele que me ayude a hacerlo bien y con éxito. El sabe que pongo lo mejor de mi.Además te pido que intercedas por Edgardo, Tu sabes que ha sido acusado injustamente y pese a no haber pruebas en su contra todavía lo mantienen preso. Te pido para que la justicia actúe como debe y que salga en libertad. Finalmente Pidele a Jesús que ayude a su familia a soportar y a salir adelante pese a todo esto que les ha tocado vivir injustamente.Gracias


  • HOLMES GOMEZ
    AMADO BEATO JUAN PABLO II TE RUEGO POR AMOR A JESUCRISTO Y MARÍA SANTÍSIMA INTERCEDAS POR LA SALUD Y PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI, POR LA SALUD DE MI FAMILIA, POR LA PROTECCION DE MI FAMILIA, GRACIAS POR EL NUEVO TRABAJO, POR EL PAGO DE LA CUENTA DE LA ALCALDÍA,POR EL TRAMITE DE PAGO DE LAS CASAS,POR EL AUMENTO DE NUESTRA FE, GRACIAS POR TUS BENDICIONES Y AYUDAS, POR EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS,POR LA PAZ DEL MUNDO , POR LOS HUÉRFANOS Y LAS VIUDAS. PARA DIOS BENDITO,BUENO Y MISERICORDIOSO TODA LA GLORIA,LA HONRA Y EL HONOR POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN.
  • ELENA
    QUERIDO JUAN PABLO II PIDO TU INTERCESION POR TODOS NOSOTROS POR NUESTRA SLUD QUE CONSERVEMOS NUESTROS EMPLEOS, QUE NOS AYUDES ENTODO LO QUE EMPRENDAMOS QUE NO NOS ALEJEMOS DE DIOS QUE AUMENTE NUSTRA FE
    PIDO POR TODOS LOS ENFERMOS
    POR LOS NIÑOS QUE LOS TRATEN BIEN QUE SEAN BUENOS QUE TOMEN LO BUENO QUE ME LOS BENDIGAS

    AMEN
  • daniel
    Ayudame Juan Pablo Mi Papa para que todo salga bien. Perdon por todo lo que hice mal y espero que me ayudes en este mometno de afliccion.Gracias!
  • evelyn  - para nuestra madre
    PRIMERO QUEREMOS DAR GRACIAS A DIOS Y A TODOS LOS Q NOS HAN AYUDADO CON LA ORACION Y ESPERANDO QUE NUESTRO MENSAJE SEA RECIBIDO QUEREMOS PEDIR UN GRAN FAVOR,MI MAMITA NUESTRA MAMITA ESTA ENFERMITA Y LOS DOCTORES NO NOS HAN DADO MUY BUEN PRONOSTICO Y ESTE LUNES 11 SABEMOS LOS ULTIMOS RESULTADOS DE EXAMENES PERO COMO TODOS SABEMOS QUE EL SEÑOR TIENE LA ULTIMA PALABRA PEDIMOS ORACION PARA ELLA POR INTERMEDIO DEL PAPA ESPERAMOS NUESTRA PETICION SEA ESCUCHADA CON MI FAMILIA QUEREMOS AGRADECERLES DE ANTEMANO Y DAR NUESTRAS BENDICIONES A TODOS QUIENES NECESITEN DEL SEÑOR DEL PAPA Y TODOS LOS INTERMEDIARIOS DEL SEÑOR POR NUESTRA MADRE ANGELICA GRACIAS.
  • ELENA
    QUERIDO JUAN PABLO II PIDO POR TODA LA FAMILIA POR LAS INTENCIONES Y NECESIDES DR TODOS

    AMEN
  • MARIA E
    PIDO TU INTERCESION POR NESTRA FAMILIA POR TODAS NUESTRAS INTENCIONES Y NECESIDADES, POR NUETRA SALUD, POR NUESTRO EMPLEO ,

    POR NUESTRA FE

    AMEN
  • ROLANDO  - Peticion de Sanacion
    MI QUERIDO JUAN PABLO II TE PIDO QUE POR FAVOR INTERSEDAS POR MI SALUD, TENGO UN EXAMEN MEDICO QUE PASAR PARA SEGUIR TRABAJANDO. EN MOMENTOS DE ANGUSTIA DAME FORTALEZA AYUDANE POR FAVOR TE LO SUPLICO DE TODO CORAZON Y TE PIDO LA SANACION DE MI CUÑADA AL IGUAL QUE POR TODA MI FAMILIA CUIDALOS MUCHO ROLANDO
  • ana  - peticion
    PAPA TE PIDO MUCHO POR LA SALUD DE MI ESPOSO Y QUE INTERSCEDAS POR UN EMPLEO DIGNO Y BIEN REMUNERADO
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